Sunday, February 01, 2009

El diagnóstico y la terapéutica

El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A
los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos,
despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos,
y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir
estupideces.
El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo
de quererme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede
provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide
el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo
al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda
con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los
mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.

El libro de los abrazos. Eduardo Galeano

Friday, January 02, 2009

Héroes de 'fast food'




30/12/2008 (El periódico de Catalunya)
NAJAT EL HACHMI


Siempre había sentido cierta compasión por los hombres (suelen ser hombres solos u hombres más uno o dos críos) que comen en un Pans&Company o un McDonald's el día de Navidad. Aunque yo no guardo recuerdos de infancia asociados a estas fiestas (poema, calor familiar, densa atmósfera de gozo y felicidad), no puedo evitar pensar que hay que estar muy solo o desarraigado o desclasado, estar al margen, ser un inadaptado, al fin y al cabo, para comerse un triste bocadillo detrás de los cristales ni siquiera empañados de un establecimiento de comida rápida.

Pero este año los he mirado con otros ojos. De pronto se me han presentado no como parias sociales, sino como héroes contraculturales, antisistemas que desafían las convenciones y tienen la valentía de no pasar más por el aro de los imperativos familiares solo inevitables durante estas fechas. Después de días de escuchar quejas de amigos que protestan contra la hipocresía y la conservación de las apariencias en las comidas de estos días (encontrarte con gente que no ves el resto del año y que en realidad ni soportas ni quisieras ver nunca más), a mi parecer los valientes son los hombres solitarios que se tragan el bocadillo y pasan de lo demás. Será su forma de huir de los villancicos, de los canelones y los caganers, de las tardes pesadas llenas de turrones. Debe de ser un gesto de rebelión contra la imposición de la hermandad y el buen rollo, los regalos (este año no tantos), los programas recopilatorios del año.

Debe de ser una forma de intentar eludir miles de artículos en los periódicos sobre la Navidad e incluso debe de ser un acto antiartículos anti-Navidad como este.