Monday, February 26, 2007

Tránsito

No hace falta vivir en Japón, o en cualquier lugar de este mundo, para sentirse ajeno. Ni siquiera hace falta vivir en una casa, propia, que funcione en cualquier aspecto como tal, para no dejar de sentirse eternamente en tránsito. La sensación de ajenidad y de continua necesidad de cambio nos invade muchas veces sin desearlo. El síndrome de la ausencia del “hogar dulce hogar” nos aqueja.

Es como sentir una eterna incomodidad, un no relajarse jamás, un cosquilleo permanente en nuestras espaldas o una piedra en nuestro zapato, que demanda en todo momento un cambio, cuanto más inminente mejor. O quizás debería decir no un cambio sino un deseo de cambio. Porque al fin y al cabo lo que nos mueven son los deseos. Y la expectativa de ese deseo es lo que nos mantiene en vilo.

A veces creo que es como estar eternamente enamorado. Pero me refiero aquí a un permanente estado de “enamoramiento”, no me refiero al amor sereno y maduro que nos permite reposar. Me refiero a esos comienzos, la mayoría de las veces tempestuosos sólo por la ausencia de calma, que cuando demandan un compromiso y una estabilidad, no lo resisten y se desvanecen. Y es entonces cuando uno ya está pensando en un nuevo comienzo, un nuevo objeto para depositar ese eterno “enamoramiento”. Cíclicamente, repetidamente, como subidos a una rueda eterna.
Lo comparo a veces con esa ansiedad del eterno viajero que nunca termina de desempacar. Ese viajero que cambia compulsivamente de casa, ciudad o país como de camisa, viviendo con sólo lo indispensable -sin importar qué sea lo indispensable para cada uno- y nunca cargando con demasiado peso porque el peso dificulta la movilidad y la movilidad es la base de todo esto.

Quizás sólo estemos hablando de insatisfacción. O de ausencia de satisfacción -que no estoy segura que quiera significar exactamente lo mismo- o de satisfacciones cortas o temporales que demandan una nueva satisfacción tan corta o temporal como la anterior para ser reemplazada. Pero nadie puede vivir toda su vida cantado "I can’t get no satisfaction".

No hace falta vivir en Rusia para sentirse en tránsito. No hace falta escuchar hablar alemán día tras día para que las palabras terminen resultando ajenas. A lo mejor, para empezar a aliviar, sólo haya que resignarse y aceptar que la vida es sólo eso, tránsito y que no hay ningún lugar donde llegar.

3 comments:

glaire said...

Lo de ressignar-se és algo que no va massa amb tu (ni crec amb mi) ... en tot cas: el canvi no és cap batalla perduda, és canvi (=revolució, acció, maniobra ... noves esperances!) ... si s'acaba la població d'Iraq, pos a per Korea ;) !!! Tot i que segueixo dient NO A LA GUERRA ... era d'això del què parlaves?! xD

wonderwoman said...

No, ja saps que lo nostre no és la resignació... Potser el final del text és massa apocal·íptic (que no és original meu, però com no sé qui l'ha escrit no he posat l'autora), però si estic d'acord en que últimament només veig que insatisfacció amb el munt de coses que podríem estar disfrutant. La idea és més, saber disfrutar del que sóm avui, del que tenim avui i no estar sempre buscant un ideal impossible al final del camí. Això no implica no seguir sommiant!!
Sembla contradictori, però no ho és!!
Chambao diu algo així:

"Y si un día me siento transformado
y decido reorientar la dirección,
tomare un nuevo rumbo sin prejuicios
porque en el cambio esta la evolución (...)
Vivir el presente hacia el futuro
guardar el pasado en el arcón,
trabajar por el cambio de conciencia,
dibujar en el aire una canción"

glaire said...

Pos ea! Que no sigui dit que no s'intenta ...

A la contra d LV avui entrevisten la novia de "El hijo de la novia" i diu algo que crec que resumeix la insatisfacció generalitzada i voluntaria del personal: "A mucha gente le ha tocado la lotería y ni se entera" ...